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nov 16
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Team of creative people taking a break and using computer.

El ahorro. Esa meta que nos ponemos todas las personas prácticamente cada día y que nos hace sentir culpables cuando nos pasamos dándonos caprichos. En España adolecemos de una cultura del ahorro tal y como la entienden en los países nórdicos, donde el principal objetivo del trabajo y el esfuerzo es lograr ahorrar para vivir una buena jubilación o tener una buena casa, una buena educación, etc.

En nuestro país somos más “del día a día” y “nos vamos apañando”. Pero fue precisamente esta concepción de las finanzas personales la que hizo que muchos se llevaran las manos a la cabeza cuando estalló la crisis. La escasa cultura del ahorro hizo que muchas familias tuvieran muchísimos inconvenientes para seguir adelante, ante la falta de recursos cuando muchos perdieron sus trabajos. Una situación que mamaron sus hijos, los conocidos como millennials.

Y es que esta generación de jóvenes nacidos entre finales de los años 70 y hasta el año 2000  ha crecido con la crisis y se ha dado cuenta de que no quieren que les pase como a sus padres y mayores, es decir, que un ciclón económico les pille desprevenidos. Por eso, han cambiado las costumbres que tuvieron sus antecesores y se han dedicado a vivir de otro modo a medida que iban creciendo. Los millennials, a pesar de que en muchos casos tienen trabajos más precarios que sus padres, han aprendido a organizarse para poder llegar a fin de mes y, además, ahorrar.

¿Y cómo lo han hecho? Cambiando sus hábitos de consumo, apoyados en las nuevas tecnologías y la experiencia previa que traían de su casa. Estas son las claves.

Consumo consciente

Aunque la cultura consumista está más viva que nunca, los millennials no consumen igual que sus padres. Las posibilidades que ofrece Internet les ha permitido ser más conscientes a la hora de gastar su dinero. Gracias a la red, pueden comparar precios de manera más rápida y cómoda, acceder a ofertas que no hay en el mundo offline y entablar contacto con otros consumidores para recabar su opinión acerca de sus ‘objetos de deseo’. Todo ello les permite comprar gastando menos.

Se benefician de la economía colaborativa

Una ventaja que esta generación ha tenido respecto a sus padres es que está viviendo la explosión de la economía colaborativa, la cual ha sido impulsada por la crisis y está permitiendo a los ciudadanos seguir viajando y consumiendo de forma más barata y, a la vez, consciente. Gracias a plataformas como Blablacar, Airbnb o Groupon, pueden viajar y tener ocio por menos dinero del que se gastaban sus padres en irse de vacaciones. Y, por el mismo precio, amplían su círculo de amistades y conocen nuevas culturas, aprenden idiomas, etc.

Tienen otro sentido de la propiedad

Otra consecuencia de la crisis es que, a diferencia de sus progenitores, los millennials no tienen entre sus principales objetivos adquirir una vivienda. El alquiler es su opción preferida y, además, suelen compartir piso, y no solo por necesidades de ahorro. En muchos casos, poder compartir gastos y, además, vivir con sus amigos es algo que quieren alargar lo máximo posible, lo que les permite tener un mayor poder adquisitivo para realizar otro tipo de actividades o seguir estudiando y preparándose profesionalmente.

Preocupados por su jubilación

Otra de las diferencias respecto a sus antecesores es que los millennials sí están preocupados por su futuro tras la jubilación. La crisis ha vaciado buena parte de la ‘hucha de las pensiones’ del Estado, lo que deja en el aire la pensión pública de los jóvenes, que saben que van a tener que apostar por planes privados de pensiones si quieren vivir un retiro sin preocupaciones económicas. Esto les ha obligado a ser más cuidadosos con el ahorro y a empezar a contratar estos productos, mientras que en muchos casos sus padres siguen confiando en que el Estado se encargará de cubrir su jubilación.

No toman decisiones a la ligera

Cuando un millennial toma una decisión de gasto importante, la medita durante mucho tiempo, compara opciones, consulta con expertos u otras personas que hayan tomado esa decisión antes… Es decir, analiza bien los pros y contras para no atarse a nada que a la larga le pueda poner en aprietos. Teniendo en cuenta que no confían tanto en el futuro como sus padres y consideran su situación más inestable, no toman decisiones muy a largo plazo para no verse comprometidos el día de mañana.

No obstante, como reza la nueva campaña de BBVA, “planifica hoy para improvisar mañana”.


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