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oct 15
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residencia

Se necesita paciencia, previsión, ayuda, tiempo e incluso dinero para organizarse en la búsqueda de una residencia de ancianos. Lo primero de todo es la paciencia, como en tantos aspectos de la vida. Hay que ser conscientes de que se trata de un proceso en varias fases. Lo ideal es que el proceso comience antes de que surja la necesidad concreta que haga que consideremos recomendable el ingreso en una residencia de ancianos. Pero después llegará esa necesidad, su valoración, el papeleo, el ingreso, la adaptación, el seguimiento de los allegados de cómo se encuentra el residente, e incluso en algunas ocasiones el cambio de residencia. Hay que tener mucha paciencia.

La previsión facilita la tarea. Hay muchas circunstancias que conviene valorar. Hay personas que padecen algún tipo de enfermedad que saben que les hará dependientes en el futuro y valoran el ingreso en una residencia como su opción para la atención a la dependencia. En otros casos es la dependencia del cónyuge lo que lleva a ambos al ingreso en una residencia de ancianos. También hay personas que se sienten solas o que, sin ser estrictamente dependientes, se manejan mal en las actividades de la vida diaria, las hacen pero con mucho esfuerzo o con resultados muy pobres. El caso más habitual es el de los residentes que ingresan tras haber sufrido las consecuencias, en forma de dependencia, de alguna enfermedad, normalmente asociada a la edad. Por eso conviene que, antes de padecer esa incapacidad, se dedique algún tiempo a la reflexión y previsión.

Lo mejor es que esa reflexión la dirija con antelación el propio afectado en comunicación y consenso con los allegados de los que, en la mayoría de los casos, dependerá. Llegado el momento de la entrada en la residencia de ancianos sus allegados pueden tener discusiones sobre si es conveniente su ingreso, sobre dónde ingresar, sobre cómo financiarlo, sobre la gestión de su patrimonio, sobre las características que debe tener la residencia… Prever esas circunstancias con antelación aliviará los conflictos que puedan surgir.

La ayuda es otro elemento fundamental. El ingreso y la estancia en la residencia de ancianos es un proceso colaborativo. El protagonista del proceso es el residente y el objetivo de todo el proceso es su mayor bienestar posible. También tiene un papel fundamental el entorno. El ingreso en la residencia de ancianos no debería ser un proceso de desenganche de su entorno familiar y social. En tercer lugar, debe participar un conjunto amplio de profesionales que pueden abarcar médicos, psicólogos, fisioterapeutas, logopedas, terapeutas ocupacionales, personal de enfermería, animadores, cuidadores, etc. Pero también es relativamente frecuente que participen profesionales jurídicos que ayuden a la toma de decisiones y a su formalización tales como notarios, abogados e incluso, en caso de incapacitación judicial, jueces y fiscales. Sí, parece un laberinto y, en cierto modo, lo es. Su guía a través de ese laberinto serán los profesionales del trabajo social. Tenga presente que dependiendo de las distintas fases del proceso es muy probable que tenga que tratar con distintos profesionales del trabajo social, como los del ayuntamiento, los del hospital, de su centro de salud, de los servicios sociales de su comunidad autónoma o de la propia residencia de ancianos. Por ello es fundamental comprender a los profesionales del trabajo social y hacerse comprender por estos profesionales.

Las listas de espera

El proceso de ingreso en una residencia típicamente lleva un tiempo. Y no solamente para el ingreso sino también para encontrar la financiación. Normalmente comienza con una solicitud para valorar el grado de dependencia. Pasado un tiempo, personal del servicio de su comunidad autónoma que atiende a la dependencia le hará una visita a su casa o al hospital, si se encuentra hospitalizado. Le avisarán con el resultado y le enviarán una resolución. Por otro lado, se cursará una solicitud para el ingreso en la residencia. Existen varias opciones. Se puede solicitar el ingreso en una residencia pública o en una privada. En caso de solicitar el ingreso en una residencia privada se puede optar a una plaza concertada. Pero siempre nos llevará un tiempo. Según un estudio De la OCU, un 20% de los que ingresaron en una residencia privada tuvieron que entrar en una lista de espera, porcentaje que se eleva a un 75% en las públicas. Incluso, en algunos casos, podemos hablar de mucho tiempo, más de 2 años en un 16% de los casos.

Dado que mucha gente tiene una urgencia grande, una solución habitual es la de ingresar en la residencia a través de una plaza privada y, después, solicitar una plaza concertada. Dado que existen listas de espera, el papel de los ahorros es particularmente importante durante este período.

Llega otra fase crucial, la de elegir la residencia. En muchos casos no habrá grandes posibilidades de elección. Ese puede ser el caso cuando se solicita un ingreso en la primera residencia disponible. Normalmente las plazas no se suelen conceder a más de 50 kilómetros del lugar de residencia del solicitante. En otros  casos la elección se realiza por cercanía al entorno social y familiar que el residente tenía antes del ingreso, cuando no hay más residencias cerca de ese entorno. También existen circunstancias en las cuales no hay elección porque existen necesidades muy específicas que deben ser atendidas en residencias más especializadas.

En el caso de tener algún margen para elegir la residencia, existen algunas claves que nos pueden ayudar a tomar la decisión de qué residencia elegir. En primer lugar, conviene estar informados. Puede ser de ayuda la lectura de alguna guía. También es conveniente  estar en contacto, si es posible, con personas que residan en las residencias que estemos valorando, así como con sus familiares. Otro comportamiento conveniente es el de preguntar al personal responsable de la residencia todo cuanto no entendamos. El grado de satisfacción de las respuestas puede ser un indicador del grado de satisfacción de la estancia en esa residencia. Es casi imprescindible visitar todas las residencias que se esté valorando como posibles opciones, a fin de conocer el personal y las instalaciones.

Los factores que conviene tener en cuenta son muchos y dependerán de la situación personal de cada uno. Que la residencia permita las visitas de familiares sin previo aviso es un buen detalle de transparencia que suele ser indicativo de que todo está siempre a punto para pasar la exigente revisión de los familiares. Es muy importante la dotación de personal especializado en diversos ámbitos (en este sentido hay que tener particularmente en cuenta las necesidades específicas del residente). Otros aspectos importantes son la comida, el vestuario, la adaptación y accesibilidad de las instalaciones o incluso  el entorno en el que se encuentra la residencia.

Imagen / iStock


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