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Jun 16
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¿Cuál será el futuro de las pensiones públicas? Esta es una pregunta que se hace la mayoría de la población. Las pensiones parecen quedarse cada vez más cortas a la hora de abordar la jubilación, por ello es aconsejable empezar a ahorrar para complementar nuestra pensión pública. El conocimiento por parte de la sociedad acerca de cuáles serán nuestros ingresos cuando terminemos nuestra trayectoria profesional es fundamental para poder entender la importancia del ahorro.

David Carrasco, Director del Instituto BBVA de Pensiones, y José Antonio Herce, Presidente del Foro de Expertos del Instituto BBVA de Pensiones, nos explican la importancia de saber ahorrar y las dimensiones que influyen en el dilema de las pensiones.

Pregunta: Según tu experiencia, ¿por qué es importante complementar la pensión pública?

David Carrasco:  Porque en los próximos años, y especialmente a partir de mediados de la próxima década, cuando comience la jubilación de los baby boomers (aquellos nacidos entre 1960 y 1975 en España) vamos a enfrentarnos a un reto demográfico formidable, caracterizado por:

  • Un incremento sostenido del número de pensiones que deberá atender el sistema de Seguridad Social, al pasar de los 9.3 millones que tenemos en la actualidad a más de 15 millones a mediados de siglo.

  • Una reducción de la población en edad de trabajar, que comprende a las personas entre 15 y 64 años y que pasarán de suponer 2 de cada 3 españoles en la actualidad, a prácticamente 1 de cada 2 hacia el año 2050.

  • Un aumento continuo de la esperanza de vida, tanto al nacer -a mediados de siglo se habrá incrementado en el caso de los hombres, de los 80,1 años actuales hasta 87,4 años de media y de 85,6 a 92,2 años en el caso de las mujeres- como a los 65 años -ya que la esperanza de vida a dicha edad pasará de 19 a 25,2 años en los hombres, y de 22,9 a 28,8 años en mujeres-

Teniendo en cuenta lo anterior, y el hecho de que nuestro sistema de pensiones de reparto se basa en la solidaridad intergeneracional (es decir, las pensiones de los jubilados se pagan con las cotizaciones efectuadas por los trabajadores en activo) la Seguridad Social tiene un doble desafío: mantener la sostenibilidad financiera, de forma que pueda pervivir en el tiempo, y al mismo tiempo ser capaz de pagar pensiones suficientes, que eviten situaciones de pobreza a las futuras generaciones de jubilados.

Por último, es importante tener en cuenta que en los últimos años (2011 y 2013) se han aprobado reformas significativas de nuestro sistema de pensiones, que básicamente van a llevar a que, en las próximas décadas, para acceder a una pensión, tengamos que:

Trabajar más años (37 para acceder a una pensión completa, frente a los 35 hasta ahora)

Jubilarnos más tarde (a los 67 años, como edad ordinaria frente a los 65 que teníamos)

Y, además, nuestra pensión sea más baja, ya que probablemente suponga menos del 60% del salario en el momento de la jubilación, frente al 80% de hace unos años.

P:  El ahorro privado ayuda a complementar tu pensión pública, ¿cuáles son las dimensiones que influyen a esta realidad?

José Antonio Herce: Son varias. La más importante: el ahorro privado es un simple acto de renuncia al consumo presente para financiar el consumo futuro. En esta primera dimensión, el ahorro ya se configura como el “primer sistema de pensiones” jamás inventado. La Seguridad Social, hace más de un siglo, solo vino a organizar de manera obligatoria una realidad colectiva dispersa, poco eficiente y manifiestamente insuficiente para cubrir las necesidades de consumo durante la jubilación de los individuos en una sociedad (la finisecular del XIX) ya muy compleja. Hoy, cuando la sostenibilidad de las pensiones públicas está en cuestión, con unas instancias de ahorro masivamente desarrolladas y bien organizadas, el ahorro puede y debe empezar a desempeñar junto a la Seguridad Social este papel previsional para el que está naturalmente dotado.

Todas las demás dimensiones se derivan de la anterior: si se ahorra bien o mal, o lo suficiente, o a plazos convenientes. O qué fiscalidad debe tener el ahorro según su propósito, plazos, etc.

P: Una de las preguntas estrella: ¿cómo podemos saber cuánto dinero necesitaremos cuando llegue el momento de la jubilación?

D.C: Utilizando cualquiera de las herramientas que existen en Internet y que, de manera muy sencilla, facilitan esta información. Por ejemplo, en Mi Jubilación (https://www.jubilaciondefuturo.es/es/simuladores/) existen varios simuladores que permiten:

Estimar la pensión futura de la Seguridad Social

Calcular el importe que, en su caso, necesitamos ahorrar para alcanzar el nivel de ingresos deseado a la jubilación

Comparar, desde un punto de vista financiero y fiscal, las distintas opciones de cobro del ahorro acumulado a la jubilación

Confrontar los ingresos y gastos disponibles en el momento de la jubilación para, a partir de ahí, tomar decisiones para equilibrar ambas partidas,

P:  Según tu opinión, ¿qué producto financiero es el ideal para ahorrar de cara a la jubilación?

J.A.H: Cualquier producto que sea a largo plazo y que sea “previsional”, lo que denomino productos de “ahorro previsional a largo plazo”. Este producto debe tener más salvaguardas que los demás, por su finalidad y naturaleza, pero a la vez debe estar mejor tratado fiscalmente que el resto, justamente para compensar el extracoste de las salvaguardas, que no son gratuitas. No digo, fíjese, que debe estar “muy bien” tratado fiscalmente, cada país hará lo que pueda permitirse, sino que no puede estar peor tratado que el resto de productos a plazos más cortos y que no sean previsionales. Ya con esto habríamos ganado mucho. Obviamente, los Planes de Pensiones (asegurados y no asegurados) son esos productos fundamentales.

P: Muchas veces empezamos a ahorrar demasiado tarde, ¿qué edad es la mejor para contratar un plan de pensiones?

D.C: Lo ideal es empezar cuanto antes. En la mayoría de países con sistemas de pensiones desarrollados, el ahorro para la jubilación comienza cuando, con 20/25 años, la persona empieza a trabajar. Este tipo de actitudes, que en otros países son absolutamente comunes, chocan en España con cuestiones de tipo cultural, tanto por el hecho de que el ahorro a estas edades se destina fundamentalmente a la compra de vivienda, como por el hecho de que nuestra mentalidad previsora a largo plazo es menor.

P: Existen muchos frenos a la hora de contratar un plan de pensiones, podrías explicarnos, ¿cuándo se puede disponer de este producto de ahorro?

J.A.H: Si por frenos se refiere a aquellos que impidan contratarlos, no hay ninguno. Todo el mundo tiene el derecho a contratar libremente y sin costes de entrada un plan de pensiones. Pero las salvaguardias a las que me referían imponen que su naturaleza de producto a largo plazo y previsional, fiscalmente mejor tratado, se vea viciada en todos sus términos por una liquidación temprana y especulativa. La imposibilidad de liquidar un plan de pensiones “a la vista” no debe verse como una barrera, sino como un requisito para la preservación de su valor financiero, individual y social.

Ahora bien, todos los países contemplan supuestos de liquidación de los planes de pensiones en la ocurrencia de contingencias sustantivas (desempleo de larga duración, enfermedad o cuidados de larga duración, etc.) que requieren la movilización de los ahorros familiares. Esto se puede relajar, pero poco. También se puede facilitar la utilización de los patrimonios previsionales como colateral de financiación para el hogar, bajo ciertos supuestos también. También hay algunos países en los que a partir de una edad (los 50, por ejemplo) se pueden hacer retiradas programadas limitadas antes de la jubilación. En fin, hay diversas fórmulas para relajar esta rigidez sin defraudar a la sociedad que en su conjunto ha apoyado fiscalmente a este producto y no debería costar mucho diseñarlas, adaptarlas a la realidad española e implementarlas.

P:  Los planes de pensiones no sólo sirven para ahorrar,  ¿qué ventajas fiscales tiene su contratación?

D.C: Los Planes de Pensiones y los Planes de Previsión Asegurados son los únicos productos que permiten reducir la base imponible en el momento que se realiza la aportación, hasta el menor límite de los dos siguientes: 8.000 €/año o el 30% de los rendimientos del trabajo y actividades económicas.

Es decir, una persona que por ejemplo tenga unos rendimientos anuales de 30.000 € y haga una aportación de 2.000 €, tributaría como si sus ingresos fuesen efectivamente de 28.000 €, ahorrando con ello –en función de la Comunidad Autónoma en que resida- hasta 580 € en su declaración del IRPF.

 P: Conociendo los índices de paro actuales, ¿qué pasa si un cliente se queda sin trabajo?

J.A.H: Se puede rescatar el ahorro acumulado en un Plan de Pensiones Individual, en la medida que se cumplan los requisitos siguientes:

Encontrarse en situación legal de desempleo (es decir, estar en paro por despido, finalización de contrato, etc)

No tener derecho a la prestación contributiva por desempleo, o haber agotado la misma

Estar dado de alta como demandante de empleo en el servicio público de empleo correspondiente (en definitiva, estar apuntado al paro)

 En el caso de un Plan de Pensiones de Empleo, la posibilidad de rescatar el Plan en caso de quedarse sin trabajo dependerá de lo que establezcan las Especificaciones del propio Plan, que deberán contemplar dicho supuesto para que sea posible el rescate por desempleo.

P: Ha llegado el momento; ¿podrías explicarnos cómo cobrará el dinero de su plan de pensiones el cliente una vez se haya jubilado?

D.C: No existe una forma idónea de cobrar el ahorro acumulado en el Plan de Pensiones, sino que depende de las circunstancias de cada persona. Puede haber, por ejemplo, personas que no necesiten cobrar su Plan por tener suficientes ingresos a la jubilación y decidan dejarlo para sus herederos, al no estar sujeto al Impuesto de Patrimonio.

En otros casos, puede que las personas tengan una necesidad de complementar los ingresos de la pensión pública a la jubilación, en cuyo caso puede ser conveniente percibir el plan de pensiones en forma de renta mensual, o puede haber situaciones en las que el ahorrador precise disponer de una cantidad inicial y, a partir de ahí, cobrar una renta, o bien dejar el resto del ahorro acumulado para un momento futuro.

En todo caso, lo recomendable es que las personas que se encuentren en esa situación hagan una simulación de sus ingresos y gastos en el momento de la jubilación, y a partir de ahí decidan cuál es la forma de cobro que mejor se adecúa a sus necesidades.

Muchísimas gracias David y José Antonio, ¡ha sido un placer poder contar con vosotros!

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