03
mar 17
Compartir

Irse a vivir al campo

Cambiar la ciudad por el campo puede ser una obligación o una necesidad. Mientras países como China plantean medidas de limitación del número de habitantes en ciertas ciudades, muchos españoles se mudaron durante la crisis buscando una nueva forma de vida. Pero no son los únicos factores que influyen en la decisión de personas de todo el mundo que, habiendo nacido y crecido en ciudades, deciden irse a vivir al campo.

Las relaciones humanas son diferentes al irse a vivir al campo

En una ciudad, se establecen muchas relaciones, pero a menudo con un menor grado de conocimiento. Es probable que no conozcas a quien te va a atender en un comercio o a esa persona con la que tendrás una reunión de trabajo. Incluso es posible que conozcas a mucha gente “de vista”. Puede que no sepas el nombre de todos tus vecinos, ni de varios de los padres de los compañeros de colegio de tus hijos.

En el campo se establecen otro tipo de lazos. También hay relaciones más profundas y más superficiales. Por ejemplo, normalmente se establecen vínculos menos estrechos con los habitantes de pueblos cercanos que con los que viven en el mismo pueblo. Sin embargo, cada persona suele tener un papel determinado en el conjunto de relaciones del pueblo. Muchos son a la misma vez vecinos, amigos, familiares, compañeros de trabajo, clientes…

Al irse a vivir al campo se amplía el contacto con la naturaleza

Las plantas, los animales y los restantes elementos de la naturaleza tienen una gran importancia en las ciudades. Hacen compañía, embellecen el paisaje y los espacios arquitectónicos.

Al irse a vivir al campo, cambia la percepción de la naturaleza. Por un lado, se convierte en un recurso fundamental para vivir. En ella se desarrollan las actividades agrícolas, ganaderas, pesqueras, forestales, mineras, una parte del turismo rural, etc. Por otro lado, en el campo es más factible entrar en contacto con espacios de naturaleza más salvaje, donde la mano del hombre ha intervenido menos.

El ritmo de vida cambia al irse a vivir al campo

Las ciudades viven por y para generar continuamente relaciones sociales. Se puede entrar en contacto con mucha gente y el ritmo de vida lo marca, en buena medida, la agenda de compromisos personales de todo tipo. Por eso se dice que la ciudad nunca duerme.

En el campo, el ritmo de actividad puede llegar a ser frenético en algunos momentos, pero el ritmo lo lleva, en gran medida, la naturaleza. Se activan o paralizan labores por el cambio en las estaciones o en la meteorología o, simplemente, por la hora del día que sea.

Las oportunidades laborales en el campo

Las oportunidades laborales en el campo han estado ligadas a la explotación de los recursos naturales de cada lugar. Además, siempre ha habido algún número de trabajadores en el comercio, la prestación de servicios y la Administración. Se han desarrollado también negocios de tipo industrial, ligados a la transformación de esos recursos naturales locales.

Con la mejora de las comunicaciones, son muchos los que han tomado la decisión de irse a vivir al campo, pero no dejar de trabajar en la ciudad. Y con la mejora de las telecomunicaciones, también hay teletrabajadores desde el campo.

El coste de la vida en el campo

Uno de los atractivos más importantes de irse a vivir al campo es el menor precio del suelo, lo que abarata considerablemente la autopromoción.

Los productos ligados a los recursos naturales cercanos al pueblo suelen ser más baratos y accesibles que en las ciudades. Por contra, estas tienen un comercio mucho más variado, en el que es posible encontrar una gama más amplia de productos a mejor precio. Conseguirlos en la ciudad implica unos costes de desplazamiento que no siempre compensan.

Los servicios en el campo

El acceso a la educación, la sanidad y los servicios altamente especializados es más caro en el campo que en la ciudad.

Lo que varía bastante son los costes de transporte, donde predomina el interurbano, frente a la importancia del transporte urbano y el aparcamiento en las ciudades.

En las últimas décadas ha crecido enormemente la dotación de servicios en los pueblos.Paralelamente, se ha producido un incremento en las facturas que tienen que pagar los habitantes de los pueblos, así como de los impuestos y tasas municipales.

La marcha al campo de un habitante de la ciudad suele tener alguna motivación muy personal. No obstante, al tomar la decisión deben sopesarse bien los factores citados. Esa reflexión ayudará a inclinar la balanza por marcharse o por quedarse. Y, recuerda, en algunos sitios hasta hay iniciativas que te ofrecen dinero por irte a vivir a un pueblo.

Imagen|iStock


Las publicaciones del Blog de BBVA España son fruto de la actualidad financiera en general y del banco en particular. Es posible que algunos contenidos no recientes contengan información no actualizada, por ello revisa siempre la fecha de publicación;; si tienes cualquier duda o consulta contacta con nosotros a través de los comentarios del post o escribiendo a BBVA Responde:infobbvaresponde@bbva.com.


Artículos relacionados:


2 Respuestas a “¿Irse a vivir al campo?”

  1. lidia dice:

    Hola me gustaría saber si en Málaga hay viviendas terreno nos gustaría irnos a vivir al campo mi teléfono es 65*******.

Deja un comentario

Spam Protection by WP-SpamFree

BBVA 2012     Licencia de Creative Commons