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oct 16
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ahorro-50-30-20

Con los ingresos que obtiene mensualmente una familia es preciso cubrir las necesidades básicas y los pagos que tienen comprometidos, pero también es más que recomendable destinar una parte al ahorro. Esto supone un esfuerzo importante que exige disciplina y rigor para cumplirlo. Muchas veces no se sabe qué porcentaje es necesario destinar para este fin. ¿O sí? 50-30-20 es la regla que todo ahorrador debería conocer.

Este método permitirá estructurar los ingresos en tres partes: necesidades básicas, ocio y ahorro. Es fundamental determinar qué corresponde a cada una de estas partidas y, a la vez, tener el rigor para cumplir con los objetivos marcados. Ahorrar no es algo sencillo, significa dejar de hacer algo o de satisfacer algunos caprichos en el presente, para disponer de un dinero que se utilizará en el futuro. Y esto muchas veces no es fácil.

Un 50% para las necesidades básicas

Solo el 50% de los ingresos ordinarios deberían destinarse a las necesidades básicas. Esto incluye el pago de la hipoteca o el alquiler, pero también los gastos habituales de la vivienda, como luz, agua, comunidad, etc. Estas cuotas suelen ser las más cuantiosos de esta partida.

Además hay que añadir el desembolso que se realiza en comida, calzado o vestuario. También en transporte para desplazarse al trabajo o al colegio, instituto o universidad, si hay hijos en la unidad familiar. En muchos casos es complicado reducir el presupuesto de necesidades básicas a este 50%. Hay gastos, como la vivienda, que son difíciles de reducir, sobre todo si se han contraído obligaciones, como podría ser una hipoteca. En el caso del alquiler existe más flexibilidad.

Un 30% para el ocio

En este apartado se deberían incluir todos aquellos gastos que no se necesitan realmente, pero que hacen la vida más cómoda o gusta tener de vez en cuando. Se puede incluir desde salir a comer fuera de casa, la factura del teléfono móvil o la televisión por cable. Son desembolsos que, aunque parezcan imprescindibles, pueden suprimirse si es preciso.

Otros son más complicados de identificar en esta partida, como podría ser el caso de un seguro médico. En realidad no es necesario, se puede vivir sin tener un seguro privado, pero lo cierto es que no es asimilable a un gasto de ocio. Por eso quizás se debe pensar que en este 30% se engloban los gastos prescindibles.

Aquí también se debería incluir el dinero que se destina a las vacaciones. A pesar de que muchas veces se ahorra para realizar un viaje, esta cantidad de dinero no debe retraerse del 20% destinado al ahorro futuro. Las vacaciones forman parte del ocio, es un gasto prescindible sin el que se puede vivir. Es cierto que muchas veces se justifica el dispendio (todo el año trabajando para ahora disfrutar unos días), pero lo cierto es que no deja de ser “un capricho”.

Un 20% para el ahorro

La partida del 20% es la más dolorosa. Es un dinero que se deja de tener disponible en el presente y se disfrutará en el futuro. Lo ideal es que esta cantidad vaya a una cuenta diferente, destinada únicamente a tal fin. De esta manera, por lo menos, se tiene el aliciente de ver cómo la cantidad va en aumento mes tras mes y año tras año.

Aquí se incluyen también opciones como los planes de pensiones suscritos con una entidad bancaria. Es complicado comenzar a planificar un plan de pensiones cuando se tienen 24 años, pero lo cierto es que a largo plazo compensa y, llegado el momento de la jubilación, o en caso de necesidad, rescatar este dinero puede ser una solución financiera para salir de una aprieto con solvencia.

Las pequeñas trampas que se deben evitar

Con todo, a veces, el ahorrador hace trampas e intenta cambiar gastos de una partida a otra. Un ejemplo muy sencillo son los upgrades, es decir, cuando se considera un lujo como gasto de primera necesidad. Puede que se necesite comer, pero no tiene que ser una mariscada, o cuando se compra en el supermercado la cerveza de importación del momento, puesto que no es un alimento básico. En este sentido, también ocurre lo mismo al comprar ropa o calzado. Se puede necesitar, pero no necesariamente tiene que ser esa firma de moda que sale un 40% más cara.

Lo mismo ocurre con otros detalles, como el móvil y la tarifa de datos de 3GB o el acceso a internet de banda ancha y la televisión por cable… No son necesidades básicas y se puede vivir sin ellas. Ahorrar es un hábito que requiere una disciplina, cumplir un presupuesto y muchas veces negar caprichos. Por eso no es fácil lograrlo, pero lo cierto es que, cuando se aprende, la tranquilidad financiera que aporta compensa con creces el esfuerzo realizado.

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Imagen | Pixabay


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