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Ago 16
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En verano los precios de muchos servicios se disparan y resultan mucho más caros que el resto del año. Para que se produzca este hecho es necesario que se den una serie de circunstancias que implican una oferta limitada y una demanda muy alta concentrada en unos pocos meses. De esta forma el consumidor está dispuesto a pagar una cantidad mucho más alta por disfrutar de un servicio que en otro momento tiene unos precios más moderados. Esta es una de las razones por las que se puede llegar a pagar en Ibiza 200 euros al día por una hamaca.

Una demanda concentrada en apenas un par de meses

Ibiza es un ejemplo perfecto con el que explicar los efectos de la oferta y la demanda sobre un determinado mercado. Se suman aquí varios factores. Para empezar una temporada turística muy concentrada. Aunque la temporada alta de verano puede alcanzar a los meses de junio, julio y agosto, es en éste último mes cuando se masifica la isla. El buen tiempo, la oferta de ocio y la fama hacen que aquellos que vienen a disfrutar de sus vacaciones creen una presión donde existen muchos consumidores dispuestos a pagar precios más altos de lo habitual.

No es cuestión de hablar sólo de beach clubs con camas balinesas, que pueden superar holgadamente dicha cantidad de 200 euros sino también de la hamaca y sombrillas de playas comunes, reguladas por los municipios, donde se producen abusos y su alquiler por día del pack ronda los 40 o 50 euros a pesar de estar regidos por una serie de normas estipuladas en el pliego de la concesión.

Pero lo cierto es que el turista de Ibiza ya sabe que si desea pasar sus vacaciones en la isla tiene que rascarse el bolsillo, aunque sea para tomar algo en un chiringuito. A esto se le suma el precio de otros servicios como puede ser el alquiler de un cocheo el parking cercano a la playa, por lo que pasar un día en un cala puede llevarse un buen pellizco del presupuesto de las vacaciones.

Los efectos de la oferta y la demanda sobre el alojamiento

Esta presión con una demanda muy alta se puede observar también sobre los alojamientos. El precio de una semana en un apartamento se dispara, multiplicando por tres o por cuatro el coste que tendría en junio si se quiere disponer del mismo en agosto. La mayor demanda se produce en este mes, sobre todo durante la primera quincena, donde además este año el grado de ocupación hotelera llega al 100%.

A esto hay que sumarle los apartamentos turísticos no registrados como tales, que se alquilan a través de plataformas colaborativas tipo Airbnb, donde además de los apartamentos destinados al alquiler turístico, también se alquilan habitaciones y otro tipo de pisos destinados en otros momentos a uso residencial.

Al tener una demanda tan alta, esto hace que se puedan subir los precios enfocados hacia un turista de un poder adquisitivo alto, pero deja fuera del mercado de alquiler al residente o a gran parte de las personas que se trasladan a la isla para trabajar en la temporada de verano. Esto lleva a ver anuncios reales donde lo que se ofrece es un balcón para dormir con derecho a ducha por 500 euros, se alquilan tiendas de campaña en azoteas y ofertas similares.

Todo ello hace que en Ibiza hoy en día sea más sencillo encontrar trabajo que un alojamiento. Esta demanda tal alta y una oferta incapaz de satisfacerla provoca una presión sobre las habitaciones disponibles que expulsan a los trabajadores de la isla, teniendo muchos de ellos que renunciar a su contrato de trabajo por no poder encontrar un lugar donde alojarse en la temporada turística.

Pero esta presión llega más allá de la temporada de verano, ya que en muchos casos también afecta a otros colectivos que tienen que encontrar un alojamiento. Un ejemplo son los profesores interinos, que tienen que trasladarse a la isla en septiembre y que pueden ver como los alquileres residenciales no salen al mercado hasta finales de mes, cuando ya no son rentables para el turista.

Todo esto son algunos de los efectos de una demanda muy alta sobre un mercado limitado donde además existe el efecto de un territorio insular. En otros lugares el efecto de los precios altos en agosto puede disminuir a medida que el destino se aleja un poco de la zona de playa, que suelen ser las que tienen más demanda. No importa tanto tener que conducir 40 o 50 kilómetros, si a cambio se tiene un ahorro sustancial en el alojamiento, pero en el caso de Ibiza no existe esta opción.

En Blog BBVA | Ahorrar en verano no es misión imposible: las apps, tus mejores aliadas
Imagen | strecosa

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