09
sep 15
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Compra Colectiva

A la hora de adquirir un producto o servicio, todos los consumidores buscan acceder a la mejor oferta posible del mercado. A nadie le gusta pagar más por lo mismo. Una de las alternativas que existen para llegar a lograr un mejor precio es comprar en grupo. Al ver garantizado un volumen importante de clientes, las empresas pueden ajustar márgenes y hacer ofertas más competitivas.

Aquí Internet juega un papel fundamental, puesto que permite concentrar a un mayor número de consumidores interesados en un determinado producto, en un servicio, etc. De hecho, la red da la posibilidad de ponerse en contacto, de sumar más miembros a un club de compra que quiere resultar más atractivo para las empresas a la hora de hacerse con este número de clientes. Es el efecto masa el que consigue que las empresas compitan por hacerse con todos estos clientes ofreciendo mejores precios.

Ofertas de cupones para grupos

No hay que irse muy lejos para ver cómo han funcionado este tipo de compras. Un ejemplo son las comunidades de compras colectivas que se pueden encontrar hoy en día en la red, como Shoppyo. En este caso, el funcionamiento es muy sencillo. El consumidor decide qué producto quiere comprar y, si consigue que se unan los suficientes miembros de la comunidad, al final lograrán una rebaja en el precio significativa.

Otro ejemplo similar lo tenemos en las páginas de cupones que fomentan la compra colectiva, hoy quizás algo menos populares que hace unos años. El funcionamiento es similar, sólo que en este caso son las empresas las que ofrecen una serie de productos que si logran atraer al número designados de clientes salen adelante, pero si no alcanzaban ese número mínimo, no se produce la venta.

La gran ventaja para ti como consumidor es su precio más asequible. A cambio deben de esperar hasta que finalice el plazo de la promoción para ver si se ha logrado o no el objetivo fijado por la firma. Para la empresa, además de asegurarse la venta, este tipo de compras ofrece la posibilidad de darse a conocer entre muchos clientes potenciales, al margen de que se busca un beneficio mayor en la fidelización de los clientes que prueban sus servicios o productos a través de la compra colectiva, aunque no siempre se consiga.

Eso sí, en muchos casos, a la hora de ejecutar la compra, se pone alguna condición sobre el número de clientes simultáneos que pueden acceder a la misma, el momento en el que podían acudir a los establecimientos, etc. Para los usuarios, el principal inconveniente es esperar hasta el final de la promoción para recibir su compra.

La compra de energía y otras alternativas populares en otros países

Pero si por algo se han hecho famosas las compras colectivas ha sido por las subastas que han realizado de servicios que hasta hace bien poco eran fijados por las operadoras. Un ejemplo son las subastas de compra de energía eléctrica o de carburantes, donde los consumidores se comprometen a realizar su consumo con la compañía que mejor precio les ofrezca.

El sistema es una subasta inversa. Y es que, frente a la subasta tradicional, en la que el que puja es el comprador y lo hace siempre al alza, aquí pujan los vendedores y lo hacen a la baja. Gana el que menos está dispuesto a cobrar. Las empresas se aseguran una base importante de clientes a lo largo del tiempo, muchos de los cuales permanecerán una vez finalizado el periodo de permanencia establecido.

Esta fórmula se utiliza mucho en otros países de la Unión Europea, como Holanda, Reino Unido, Portugal, Bélgica, Italia o Japón. Un ejemplo de ello es el grupo holandés CR5, que con su marca groepsveiling lleva desde 2009 uniendo grupos de consumidores para lograr que las compañías ofrezcan sus servicios con ofertas ventajosas. Pero no sólo queda en subastas de energía, sino que se amplían a otros servicios, como seguros, telefonía o acceso a Internet, etc.

Al final, no supone nada nuevo que no ofrezcan ya la mayoría de las empresas, sólo que ahora son los consumidores los que toman la iniciativa. Muchas compañías tienen un precio más atractivo para un determinado colectivo laboral, como pueden ser los funcionarios, por ejemplo, para un gremio como el de los taxistas o una gran empresa a la que se ofrece un trato ventajoso para sus clientes.

El resultado es más efectivo en sectores donde la competencia es menor que en aquellos muy competitivos, donde existen muchos operadores que ya tienen márgenes muy ajustados. En estos últimos, por mucho que se busque el efecto masa, es complicado obtener una oferta significativamente mejor que las que ya existen en el mercado.

Imagen | Pixabay


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